Publicado en Desarrollo, Psicología Individual

¡Sacar polvo de lo mojado!

chica enfadada

No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con ellas”.

Jorge Bucay

La expresión que da título a este post es muy popular en la provincia de Córdoba (Andalucía, España) y se utiliza para señalar que alguien, a pesar de aparentes o reales circunstancias adversas, es capaz de reaccionar positivamente a los acontecimientos cotidianos y valorar lo agradable (“sacar el polvo”) de lo en principio desagradable (“de lo mojado”). También sugiere una conducta activa y operativa, “hacer algo”, ante las posibles adversidades. Si, así es, la sabiduría popular ya conocía y conoce el significado de la “resiliencia”, hoy tan de moda.

De eso quiero hoy, en este post, reflexionar contigo, de aprender a dominar los nervios, de cómo tratar siempre de no desperdiciar energía ni emociones en cosas de poca monta.

Para vivir en paz con tus nervios, lo primero que tienes que hacer es enterarte bien del modo como ellos acostumbran a jugarte malas pasadas. El Auto-Conocimiento es fundamental!

Con frecuencia me veo en la necesidad de decir a un paciente mío, dominado por la preocupación: “Tú no tienes ningún mal serio, tus síntomas se deben a tus nervios”. Y él me replica: “Pero ¿por qué me molestan así?”. A esto me refiero!

A menudo, los más aflictivos períodos nerviosos se presentan después de alguna experiencia molesta: una noche de desvelo, un día de mucho trabajo, hacer frente a una obligación laboral desagradable, una discusión por asuntos de dinero con un miembro de tu familia, etc. Fácilmente se comprende por qué los nervios de estas personas se encuentran tensos y listos para alborotarse.

Sin embargo, hay veces en que la tempestad estalla en un cielo claro y soleado.

Una paciente extremadamente nerviosa me cuenta que lleva una vida tranquila, tiene una buena salud física, está casada con un hombre cariñoso, disfruta de una cómoda situación económica, sus hijos son educados y buenos estudiantes y no tiene preocupación real de ninguna clase. ¿Por qué entonces suele tener días en que se siente intranquila, terriblemente agotada, deprimida o aprensiva?

Generalmente, en casos como ése he hallado una marcada nerviosidad en la familia del paciente. Supongamos que tú has heredado (genética o educacionalmente) de tu padre un genio irascible o, por el lado de tu madre, tendencia a preocuparte por todo. No puedes librarte completamente de esas inclinaciones, pero si puedes aprender a controlarlas para vivir mejor a pesar de ellas.

Alguien dijo una vez que los parientes nos fueron dados para mostrarnos cómo no debemos ser ni proceder, y los amigos para lo contrario.

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Aprende a conservar tu sistema nervioso tan equilibrado como sea posible, con la ayuda de una buena higiene mental. Por tal entiendo vivir cuerdamente con “sentido común”, proporcionándonos las debidas horas de descanso, teniendo hábitos de vida saludables, manteniendo relaciones personales adecuadas, realizando actividades recreativas enriquecedoras, organizando por prioridades nuestro ejercicio profesional y social, teniendo siempre una ilusión o un reto, etc.

Un ejemplo, para muchas personas las vacaciones suelen ser tan agitadas que en realidad no les proporcionan descanso ni les permiten acumular o recargar energía. ¿Te suena?

Buen número de personas nerviosas consumen su energía en actividades de importancia secundaria. Ponen mucha energía y mucha reflexión en cosas que otros hacen automáticamente. Es ésta la razón de que a algunos les rinda tan poco el trabajo y se cansen tanto con lo poco que hacen.

Doy a menudo con personas que desperdician energías en conflictos innecesarios, especialmente consigo mismas. Están llenas de resentimientos, animosidades, odios, celos, envidias. ¡Feliz quien puede pasar por la vida tranquilamente, ni irritable ni quisquilloso, ni impaciente ni propenso a la ira! Es sencillamente maravilloso cuánto aprovecha este método de vida, tolerante y educado, al sistema nervioso y admirable cuánta energía deja libre para el trabajo útil.

Si queremos conservar en calma los nervios, no debemos alimentar resentimientos, ni celos ni dejarnos tentar por la envidia. En todo tipo de relaciones, personales o profesionales, encuentra uno personas envidiosas que gastan más tiempo tratando de echar hacia atrás a los que van delante, que el que emplean en estudiar y trabajar para ayudarse a sí mismas. ¡Cuanta energía desperdician y cuanto daño causan a sus nervios! He visto arruinada la salud de un paciente por causa de emociones de esa clase.

Una de las más grandes maldiciones de la vida actual, y una de las más grandes causas de nerviosidad, es la de trabajar en constante tensión. Los que padecemos de tensión nerviosa, casi podríamos curarnos aprendiendo a “serrar y no más”. No nos ocupemos sino de la tarea que tenemos delante y llevémosla a cabo sosegadamente.

Bien haremos todos en aprender a vivir cada día como si estuviera confinado en una especie de compartimento, sin llorar por las equivocaciones del ayer ni estar haciéndoles constantemente la autopsia, y sin preocuparnos obsesivamente por el mañana. De este modo puede una persona trabajar con eficiencia. Cuanto necesita entonces es hacer pronto y tan bien como le sea posible la tarea que tenga entre manos. Conveniente es también disciplinarnos  en acometer sin vacilaciones toda faena difícil y terminarla. No hay que dejarla para mañana. Las personas nerviosas pierden el ánimo cuando posponen un trabajo que debe ser hecho.

Lo mismo puede decirse de la indecisión. Las personas nerviosas podrían ahorrarse mundos de energía, que ahora desperdician, con sólo que aprendieran a tomar determinaciones rápidas y atenerse a ellas.

Un estupendo sistema de economizar energía es lo que William Osler aconseja y que él llama “quemar tu propio humo”. Quiere decir que no debemos incurrir en el desdichado hábito de llevar a los demás nuestras contrariedades, aflicciones y molestias.

Otra indicación que hallamos en las enseñanzas de Osler es el cultivo de la ecuanimidad y la serenidad. Debemos aprender a no alterarnos demasiado por los alfilerazos, ni aún por los grandes golpes, de la vida. Hay que aprender a tomarlos sin dejar que alteren nuestras actividades regulares.

Como dijo un escritor tan acertada y sabiamente:

“¡Oh, Dios mío! Concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que puedo, y sabiduría para diferenciarlas”

 

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Saludos y Energía Positiva!

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Autor:

Lcdo. en Psicología (especialidades Clínica y Social), Master en Gestión de Recursos Humanos, Diplomado en Técnica Psicoanalítica, alumno de la Academia de Coaching Estratégico de Tino Fernández. Apasionado por mi trabajo: Ayudar a las personas!

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