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Personas que cuidamos de personas ¿Cómo somos o deberíamos ser?

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Estimado amigo!

Toda mi vida laboral ha estado orientada, de una u otra forma, a la prestación de un servicio a otras personas. Según recuerdo:

  • Como Coordinador del Servicio de Ayuda a Domicilio, en Diputación de Sevilla, aporté mis servicios a algunos alcaldes y a algunos técnicos municipales para que pudiesen y supiesen aportar servicio a otros conciudadanos.
  • Como consultor, en varias empresas, he aportado mis servicios a empresarios y directivos para que mejorasen su aportación de servicio a empleados, colaboradores y clientes.
  • Como directivo, en varias empresas, he aportado mis servicios a mis jefes, compañeros, colaboradores y empleados; para que sus prestaciones de servicio a otras personas, dentro y fuera de la Organización, fuese de calidad.
  • Como empresario, en dos ocasiones, he aportado mis servicios a mis colaboradores y mis clientes para que su aportación de servicio a otras personas fuese ágil, eficaz y satisfactoria para todas las partes.
  • Como formador, para muchos colectivos y en variados temas, he aportado mis servicios a mis formandos para que supiesen mejorar sus relaciones personales y profesionales.
  • Como psicoterapeuta y/o coacher, para muchos y variados clientes, he aportado mis servicios a ejecutivos y particulares para que mejorasen su desarrollo personal y/o profesional y, sobre todo, para optimizar sus relaciones con ellos mismos y con otras personas.

Todo ello, lo he realizado siempre con gran pasión y satisfacción, aprendiendo continuamente de los otros, intentando generar confianza, aportando métodos y herramientas, ejerciendo la autocrítica, con orientación a los resultados y a las personas y, a veces, con sacrificios personales y con éxitos y con fracasos.

Por eso, valoro y aprecio tanto a las personas que cuidan de personas. Porque creo que hay que estar hecho de una pasta especial y porque tener vocación de servicio es una cosa y obtener resultados mutuamente satisfactorios es otra cosa. Porque estamos hablando de personas que se relacionan con personas para aportar “algo” los unos a los otros.

Por afortunadas circunstancias, en los últimos meses he tenido ocasión de conocer a personas y profesionales excelentes, que se dedican al cuidado de personas desde varios enfoques y varias actividades y diversas formas: Héctor, Carmen, Rafa, Susana, Bego, Manu, Vicente, Claudia, Elena, Concha, Teresa, etc etc. Ellos me han inspirado este blog y, sobre todo, este post.

Creo que la persona es clave para aportar un servicio excepcional. Es lo que nos diferencia y nos hace únicos. Mi objetivo, como “gestor” de servicios a personas, es aportar soluciones y generar sensaciones positivas; pero no sólo a mis clientes, sino también a mis compañeros. No olvidemos que todos somos clientes!

Mi máxima, y mi reto continuo, es la empatía: ser capaz de entender realmente a las personas y tratarlas como me gustaría ser tratado. Pero la empatía hay que llevarla un paso más allá, hablo de empatía activa: vivir en primera persona como propios cada uno de los problemas diarios que surgen en tu entorno, siendo capaz de buscar en cada caso la mejor solución, de una forma proactiva, ágil y con ilusión. Porque con una actitud positiva, todos ganamos!

Como personas que cuidamos de personas, no debemos olvidar que todo lo que hacemos, por pequeño que sea, tiene una repercusión directa en la vida y en el trabajo de nuestros clientes y compañeros; idealmente, mejorándola. Cada día es una oportunidad de hacer las cosas mejor. Por todo eso, creo que las personas que cuidamos personas tenemos o debemos tener once comportamientos claros y manifiestos, desarrollados o a desarrollar:

  1. Estar COMPROMETIDO
  2. Ser RESPONSABLE
  3. Ser RESOLUTIVO
  4. Tener INICIATIVA
  5. Ser HONESTO
  6. Ser INNOVADOR
  7. Ser POSITIVO
  8. Tener AGILIDAD
  9. Tener EMPATÍA
  10. Ser HUMILDE
  11. Tener LIDERAZGO

Eso sí, está claro, si aspiramos a ser mejores afrontando cada día como una oportunidad para cuidar mejor de las personas; aportando soluciones y generando sensaciones positivas en nuestros clientes y compañeros.

¿Te apuntas a ser excelente como persona que cuida de personas?

Saludos y Energía Positiva!

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¡Un mundo sin quejas, es posible!

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“Si algo no te gusta, cámbialo. Si no puedes hacerlo, cambia tu actitud No te quejes”

CAMBIA LA FORMA DE VER LAS COSAS, Y LAS COSAS CAMBIARÁN DE FORMA.

En Julio del 2006 Will Bowen propuso a su comunidad “El reto de los 21 días” con el propósito de ayudar a eliminar cualquier rastro de queja o lamento y sus nocivas consecuencias para el individuo.

Su propuesta fue muy simple: “Te colocas una pulsera morada con la leyenda UN MUNDO SIN QUEJAS y lo mantienes durante 21 días sin emitir ningún tipo de queja o crítica”; así sea “me duele la cabeza” o “nada me está saliendo bien”.

Si durante este periodo emites algún lamento, debes cambiar la pulsera de muñeca y volver a empezar. La mayoría de los participantes logró superar este reto, pero les tomó un mínimo de 5 meses, un tiempo que evidencia la presencia de la cultura de la queja en nuestras vidas.

Un reto que cambiará tu vida y la de tus semejantes.

Ahora te estamos proponiendo asumir este reto de 21 días sin quejas, sin críticas y sin chismes… si lo logras, habrás hecho de tu vida un paraíso sin enfermedades. Tendrás mejor ánimo, menos dolores, relaciones más favorables, mayor autoestima, etc. Serás una persona más feliz y armoniosa.

¿Crees que puedes aceptar el reto?

Seis millones de personas ya lo han logrado desde 2006 cuando Will Bowen lanzó esta campaña en EEUU. Cada día se suman más personas para lograr un mundo mejor. México ya tiene una organización para apoyar “Un mundo sin quejas”

Muchas personas decían que no se quejaban demasiado, pero con el ejercicio se dieron cuenta que lo hacían unas 20 veces en promedio al día.

Quejarnos se ha convertido en una Pandemia.

¿Has notado que siempre hay algo de que quejarse? El clima, el tránsito, la inseguridad en las calles, las mentiras de los políticos, la salud, el dinero que no alcanza, etc., etc. Lo único que ganamos con la QUEJA es sentirnos peor.

“Cuando criticamos, nos quejamos o juzgamos, estamos emitiendo una energía discordante. Esta energía, por la Ley de Atracción, será devuelta a nosotros pero multiplicada. Esto alimenta aquello de lo que nos quejamos y lo hacemos más grande”

Con la queja te conectas con campos de baja energía que te debilitan, te hacen vulnerable a enfermedades, conflictos sociales y carencias. Por el contrario si hablas de GRATITUD te conectas a campos de ALTA energía, en los niveles donde se desarrolla el poder personal.

Nuestra propuesta es simple

ABANDONAS LA QUEJA Y TE LLENAS DE GRATITUD.

… así que mantén una observación especial de tus pensamientos y palabras y cada vez que te descubras quejándote, expresa un agradecimiento a la vida, al trabajo, a la salud… o a cualquier cosa que puedas agradecer de corazón… siempre tendrás algo para agradecer. Cada vez que emitas una queja tendrás que volver a empezar la cuenta de los días desde uno.

Pensar una queja o crítica y no la digo, ¿También cuenta?

Por suerte NO. Sólo las palabras que salen de tu boca son las que cuentan en este caso.
Quienes lo han logrado reconocen que no es para nada fácil, pero después de las tres semanas, o más, que tardes en lograr la meta, dejas inclusive de criticar con la mente.

¡ Adelante !… acepta el reto… demuéstrate que SI puedes, y vive la GRATITUD como una experiencia que se “siente”… y asciende a un mayor nivel de conciencia y despertar, donde el panorama de la vida será más amplio y amable contigo.

No hace falta que te pongas una pulsera morada, utiliza una piedra en el bolsillo o algo sencillo. Lo importante es aprender a darnos cuenta que a veces nos quejamos. No hay que darle fuerza a esto, simplemente cambias la pulsera de brazo y YA. Lo importante es darnos cuenta, no culparnos. Y a comenzar de nuevo hasta llegar a los 21 días.

¿Por qué 21 días?

Los científicos dicen que toma 21 días crear un hábito. Nos tomará 21 días dejar el hábito de la queja y formar el nuevo habito de la GRATITUD.

“Quejarse no debe confundirse con la crítica constructiva a través de la cual le haces saber a alguien que ha cometido un error o que tiene alguna deficiencia de modo tal que pueda mejorar. Y abstenerse de quejarse no necesariamente significa soportar malas conductas o actitudes”.

No hay nada de malo en decirle al mesero que tu sopa está fría y que necesita ser calentada; si te ciñes a los hechos, que son siempre neutrales. ¿Cómo te atreves a darme la sopa fría? ¿Eso es quejarse?

Publicación original by Antonio Fuentes, 2 de septiembre de 2009, en su blog: https://proyectospersis.wordpress.com

P.D.: Mi amigo Héctor Trinidad ahora entenderá mi envidia sana por la publicación de su libro “Cambia para cambiar el mundo“.

Saludos y Energía Positiva!

 

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La paciencia no está de moda

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Yo estudié sacando libros de la biblioteca. El carnet de biblioteca era una herramienta tan básica como el cuaderno donde tomabas apuntes. La biblioteca tenía su propia hora punta, así que si te acercabas por allí en el descanso de la mañana, sabías que te tocaba hacer cola para seleccionar el título, esperar su búsqueda y hacer cola de nuevo para retirar el ejemplar. A veces el libro estaba “pedido” y entonces te inscribías en una “lista de espera” de la que te llamaban pasados días o semanas. Esperar formaba parte de nuestras vidas. Esperabas la carta de tu amiga del verano, desde octubre el regalo de los reyes, que sacaran las notas del examen… Esperar era necesidad y la paciencia una virtud.

“La paciencia es la madre de la ciencia” repetía como mantra una profesora que tuve en mis tiempos escolares  y, efectivamente, aprendimos la verdad que esto encerraba ejercitando la constancia y la dedicación como actitudes imprescindibles para conseguir o disfrutar la mayoría de las cosas.

Hoy tenemos menos paciencia. Tus amigos se molestan si no les respondes al momento un whatsapp y llamamos casi de inmediato si no está la persona con la que hemos quedado. Son los tiempos del inglés en mil palabras y el queso ya cortado en dados. Unos tiempos en los que la paciencia no es realmente útil y es más práctico tener una solvente tarifa de datos o un enchufe cercano.

La paciencia no es resignación

La paciencia se cuestiona y se asimila a falta de asertividad o resignación “¿Vas a sacar el ticket del parquimetro? ¿No tienes la aplicación para aparcar desde el móvil?”- me pregunta un compañero. Es cierto,  la paciencia puede parecer, como mucho, una virtud pasiva, aunque en realidad, supone poner en funcionamiento muchos de nuestros recursos emocionales para frenar nuestra naturaleza impulsiva. Esa misma naturaleza impulsiva que nos hacía llorar porque hasta el domingo no había chuches, y a la que domamos poco a poco haciendo uso de una incipiente paciencia.

Cultivando la idea de ser dueños de nosotros mismos y de nuestras acciones dejamos pasar los beneficios inmediatos para obtener satisfacciones posteriores. Gran parte del éxito personal y el de los negocios  se fundamenta en esto. Así se demostró en los años 60 a través del experimento clásico del Marshmallow (Mischel, W. 1960) en el que se les indicaba a un grupo de niños que si esperaban 20 minutos sin comerse la golosina que se les ponía delante recibirían dos golosinas como premio. Sólo un tercio de los niños esperaron, pero en este grupo se encontraron 15 años más tarde los mejores resultados de éxito personal. Y es que en la espera hay acción. Algo está sucediendo mientras esperamos el resultado.

El cuento zen del Bambú japonés nos lleva por esta misma realidad. El Bambú japonés es una planta que sólo se puede cultivar con conocimiento y una enorme dosis de paciencia. Se siembra la semilla, se abona y se riega con constancia. Con constancia y paciencia durante años en los que, aparentemente, no pasa nada. Sin embargo, durante el séptimo año sucede algo realmente increíble, en menos de seis semanas el bambú crece ¡treinta metros!. En realidad, durante esos siete años estuvo desarrollándose el complejo sistema radicular que daría soporte a una planta de tal envergadura. Lejos del resultado inmediato, el éxito del Bambú japonés es un ejemplo de un paciente y constante crecimiento interno.

¿Cómo podemos cultivar la paciencia?

–        Sé realista. Acepta que las cosas no siempre suceden tan rápido como nos gustaría. A veces el ascensor para en los pisos intermedios. No es posible comprar algo en Ikea  sin pasar por toda la tienda; y si te preguntan “¿Tienes un minuto?” acepta que serán bastantes más.

–        Retarda tu reacción. La principal manera de conocer el grado de paciencia de cualquier persona es observar su velocidad de reacción. ¿Pitas de inmediato cuando se pone el semáforo en verde? Demora tu respuesta, respira y espera. Piensa que controlar tu reacción es hacerte dueño de ti mismo.

–        Practica la espera. Tenemos decenas de momentos durante el día para ejercitar nuestra espera: la web que no se carga de inmediato, la cola del supermercado, los anuncios durante la película… Esperar es un hábito que podemos ejercitar cada día hasta hacerlo un recurso contra la impulsividad.

–        Tomate tiempo para no hacer nada. Un momento reservado para lo que no está en ninguna lista, estar solamente contigo

De cualquier forma, debes saber que ser paciente no está de moda. Ahora se lleva hacer gran parte del informe a golpe de control +C, estudiar con un enlace directo al “Rincón del vago” o comer cualquier cosa cuya mayor ventaja es que estará “listo en cinco minutos.

Es un momento en el que, como escribe Mario Puig “Vivir es un asunto urgente” y aquello de  Zamora no se tomó en una hora y Roma no se hizo en un día, pertenece a un tiempo pasado. Ahora somos más de usar la misma lengua pero con más impaciencia y así escribir en el teclado un “K acs mñna?”, o terminar la ordenes en el trabajo con un “y rapidito”.

En fin, que aunque parezca extraño, hay motivos por los que a veces, me gusta hacer esa pequeña cola frente al parquímetro, no sea que un día se me agote la paciencia para siempre.

Publicación original de Janire Jaurrieta en ImpulsaDesarrollo

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Cómo responder a las críticas de los demás

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A las personas no nos gusta que nos critiquen. Preferimos que nos digan todo lo que hacemos bien, lo guapos y lo buenos que somos en esto, el talento que tenemos para aquello o lo bien que nos queda ese vestido o este pantalón… ¿a que sí?

Y, en cierto modo, es normal.

Pero hay quien gestiona especialmente mal las críticas de los demás. Quien se siente fatal cuando le critican, quien se puede tirar un día entero dándole vueltas a algo que le han dicho y quien se toma a mal cualquier comentario que le hagan.

Y todo porque dependemos demasiado de la aprobación de los demás.

En realidad suele ser algo habitual cuando nuestro autoconcepto y nuestra autoestima no están bien asentados. Es decir, cuando no me creo lo que valgo o lo que hago bien, tiendo a tragarme más fácilmente las críticas de los demás y a pensar que si alguien me critica es que hay algo malo en mí.

Y mucho peor si soy alguien que ha recibido muchas críticas y poco reconocimiento… Entonces, ya te digo yo, que lo más probable es que le tenga pavor a lo que puedan decir los demás de mí.

Tres claves para sentirte bien cuando te critican

Por eso creo que lo primero para poder llegar a sentirte bien cuando alguien te critica es entender que es algo inevitable. Vamos, que es imposible gustarle a todo el mundo y que da igual como seas porque siempre habrá alguien dispuesto a criticarte.

Y, si no, piénsalo. Fíjate en las críticas que sueles escuchar en tu entorno. A uno le critican por ser demasiado espabilado y a otro porque “de bueno que es, es tonto”; a uno por maleducado y a otro por buenazo; a uno por  mojarse poco y a otro por mojarse demasiado…

A mí misma unos me han criticado por ser demasiado sumisa, a la vez que en otro entorno me tachaban de rebelde. Para que veas :-).

Vamos, que nunca llueve a gusto de todos, que el que quiera criticarte siempre encontrará un motivo para ello y que es imposible que todo el mundo te trate bien todo el tiempo.

Además, otra clave, es que no todo el mundo sabe hacer críticas, incluso aunque lo hagan con buena intención. Y pocas veces nos damos cuenta de eso. Tendemos más bien a poner el grito en el cielo por lo que nos han dicho, sin pararnos a pensar que igual esa persona no sabe decirlo de otra manera. Y es que, por si no te habías dado cuenta, a criticar también se aprende ;-).

Y, como tercera clave, que sepas que, digan lo que digan los demás de ti, tú siempre eliges tu respuesta. Lo que digas o hagas no depende de nadie más que de ti. No vale decir “me sacó de mis casillas” o “reaccioné fatal porque fíjate lo que me dijo…”. No, pase lo que pase y hagan lo que hagan, tú sigues siendo libre para responder como quieras hacerlo.

Once pasos para responder a una crítica

Y ahora vamos con los once pasos para responder a una crítica:

1. Escucha. Esto suele ser lo primero en lo que fallamos. En cuanto alguien empieza a hacernos una crítica desconectamos y nos ponemos a pensar en lo horrible que es eso que nos está diciendo y en cómo le vamos a responder. Y no, eso no es escuchar.

Escuchar es prestar atención a lo que esa persona te está diciendo palabra por palabra, dejarle que hable sin cortarle hasta que termine y preguntarle en el caso de que haya algo que no has entendido.

2. Diferencia cuando es un ataque de cuando no lo es. Y eso a veces puede no ser fácil, por lo que te decía de que pocas personas saben hacer una crítica sin atacar (cómo se hace ya te lo conté en este post).

Pero normalmente sí que hay algo, aunque sólo sea nuestra intuición, que nos dice si esa persona busca herirnos o si es uno de esos criticones que le saca punta a todo. Si es así, puede que lo mejor sea ignorar lo que te ha dicho, no decir nada –ni con palabras ni con gestos- y no entrar al trapo ni justificarte. Y para esto hace falta practicar mucho y tirar de paciencia y de calma, lo sé. Pero se puede hacer.

3. Date cuenta de quién te está haciendo la crítica. Hay personas con las que cualquier cosa nos sienta mal y otras de las que lo aceptamos todo. Y a veces conviene pensar en qué medida estamos respondiendo a lo que nos están diciendo o a quién nos los está diciendo…

Incluso puede ser alguien que te quiere mucho y que te lo dice con toda la buena intención del mundo, pero le has pillado en un mal día y no ha sabido decirlo. Es algo que nos puede pasar a todos…

4. Aprende a separar lo que te dicen de cómo te lo dicen. Recuerda que el hecho de que alguien no sepa hacer una crítica no significa que tenga mala intención. Que también puede ser eso, que no sepa.

Por ejemplo, si alguien te dice “nunca haces esto bien, eres un desastre”, a su crítica le sobra el “nunca” (una buena crítica no llevaría una generalización como esa) y el “eres un desastre” (una buena crítica no descalifica a la persona, sino que habla solamente de una conducta concreta).

Pues bien, si eso te lo dice alguien que sabes que no tiene mala intención, quédate sólo con la conducta a la que se está refiriendo y olvídate de lo demás.

5. Acepta y respeta que esa persona pueda pensar diferente. Puedes estar de acuerdo o no, pero tiene derecho a hacerte una crítica. Igual que tú.

6. No te lo tomes como algo personal. Cuando alguien dice algo fuera de tono o que no viene a cuento, eso dice más de él que de la persona a la que ha criticado.

Así que si te sientes ofendido por una crítica piensa algo como “esto no tiene nada que ver conmigo, es suyo. Y dice mucho más de él que de mí”.

Si te sientes segura de ti misma, lo que digan los demás se quedará con ellos y no te golpeará a ti.

7. Mantén la calma. Si tú pierdes los nervios le estás dando al otro los argumentos para que él también lo haga. Y después no podrás pedirle que no te grite. Además de que gritando no se entiende la gente…

8. Nunca ataques ni critiques al otro. Es normal que te puedas sentir herida, pero eso no se cura atacando a la otra persona. Te sentirás mucho mejor si eres capaz de hablar de ello tranquilamente, sin enfadarte y sin ponerte a la defensiva. Sin “ya, pero es que tú más” o “mira quién fue a hablar”.

9. Es sólo su opinión. Recuerda que el hecho de que alguien diga algo no quiere decir que sea cierto, es simplemente su opinión. Si te lo tomas como una verdad absoluta, te llenarás de rabia o intentarás convencerle de que se equivoca. Si te das cuenta de que es tan sólo una opinión no le darás mayor importancia.

Piensa que si alguien te dijera que andas por ahí robando bancos seguramente ni te inmutarías, porque sabes que no es cierto. En cambio, a menudo le damos poder a afirmaciones que tampoco son ciertas, pero que nosotros elegimos creernos. ¿Por qué? Porque no nos damos el valor suficiente para saber que no somos eso, así de simple.

Así que no, lo que digan los demás no debería afectar a la seguridad y la confianza que tú tengas en ti. Tú eres tú, como eres, y no dejas de ser así te digan lo que te digan.

10. Reflexiona sobre lo que te han dicho. Y no es contradictorio con el punto anterior. Porque cuando te valoras y crees en ti eres capaz de pararte a reflexionar sobre lo que alguien te ha dicho y hacer autocrítica.

¿Y si esa persona te estuviera mostrando una posible área de mejora? ¿Y si pudieras aprender algo de ti misma con eso que te están diciendo? ¿Y si hubiera un poco de verdad en esa crítica? Si no lo tienes claro puedes preguntarle a alguien de confianza qué opina sobre lo que te han dicho.

Y después, una vez que hayas pensado en ello, elige si hay algo que quieras cambiar en ti o si prefieres pasar página y olvidarte de esa crítica. En ambos casos, eliges tú.

11. Por último, da una respuesta corta, clara y sincera.

Por ejemplo, si no compartes lo que te dicen, “acepto que me digas esto, pero no estoy de acuerdo”.

O si te lo ha dicho gritando puedes decirle “te escucharé, pero te pido por favor que no me grites”.

O si te pilla desprevenida y no sabes qué responder, puedes decir “voy a pensar en ello y te daré una respuesta”.

O si lo piensas y estás de acuerdo, di algo como “te agradezco que me lo hayas dicho, voy a hacer lo posible por cambiarlo”.

Sea como sea, no busques la respuesta perfecta, porque es difícil que la encuentres en un momento como ese. Simplemente responde de alguna forma. Sin enrollarte y sin ponerte a la defensiva.

Y, sobre todo, no le des demasiada importancia a que alguien te critique. Recuerda que podemos aceptar las críticas igual que aceptamos los halagos… Y que querer agradar a todo el mundo es darles a los demás todo el poder sobre ti.

¿Qué me dices? ¿Cómo sueles responder tú cuando alguien te hace una crítica? Me encantará que lo compartas conmigo en los comentarios aquí debajo.

Publicación original de Vanessa Carreño en su blog Coaching To Be

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¿Estás mayor? ¡Que suerte tienes!

by Antonio Fuentes

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A diferencia de la vejez, que siempre está de más, lo característico de la juventud es que siempre está de moda.

Fernando Savater

Estimadísimo lector!

De un tiempo a esta parte la Juventud, o Culturas Juveniles en nuestra sociedad, han empezado a consolidar un rol protagonista en muchos espacios, y básicamente en el campo social y laboral; pero tranquilo, no tengo intención de confrontar con esta tendencia social, la juvenalia, que nos dicta que ser joven es automáticamente positivo y conlleva innovación sin limites y que ser mayor significa automáticamente estar de vuelta de todo y disfrutar como un gorrino de tu zona de confort. Insisto, tranquilo; soy mucho mas de “pros” que de “antis” y hoy sencillamente quiero compartir contigo algunas reflexiones al respecto de las “personas mayores”.

Y es que siempre me han resultado chocantes  esas frases tan socorridas y, por tanto, tan utilizadas; que implican una aseveración totalmente subjetiva porque se construyen con adjetivos comparativos y/o adverbios. ¿Que no caes ahora? Vale, te doy algunos ejemplos:

  • Una amiga este fin de semana, al contarle el recorrido que hago en mis paseos matutinos y vespertinos por San Lorenzo de El Escorial, va y me dice: “Antonio, es que tienes que andar más“. ¿Más que quién? le digo yo! Y no le digo que si más que su marido, que coge el coche hasta para ir a comprar tabaco, por no estropear una bonita amistad…
  • Mi médica de cabecera, revisando los resultados de mi última analítica, va y me dice: “Antonio, es que tienes que beber menos“. Joder! ¿Menos que quién y, sobre todo, menos que cuándo? Pienso yo! Hace casi un año que ya no consumo lo que yo llamo “alcohol duro” (güisqui, coñac, chupitos o gin tonics), bebo cerveza sin alcohol y tinto de verano sin alcohol. Eso si, en la comida y en la cena, respectivamente, caen dos o tres copas de buen vino. Insisto, ¿Menos que quién y, sobre todo, menos que cuándo?
  • La semana pasada, comentando con un amigo mis dificultades para controlar todos los pormenores para elaborar yo mismo una web y un blog “profesional” (lenguajes, proveedores, servidor, alojamiento, dominio, cuentas de correo, etc.), escucho de mi amigo: “Antonio, es que ya estás mayor para esas cosas“. Coño! Ahí me tocó la fibra. ¿Mayor que quién y, sobre todo, para qué? Y, por ello, este post…

¿Qué es ser o estar mayor? Yo creo que una actitud más que una realidad! En cualquier caso, una realidad subjetiva y personal.

Me voy al diccionario de la Real Academia Española, busco “mayor” y me encuentro lo siguiente:

Comp. de grande en aceps. 1 y 2.

1. adj. Que excede a algo en cantidad o calidad.

2. adj. Dicho de una persona: Que excede en edad a otra. Hermana mayor. Marta es mayor que Juan.

3. adj. Dicho de una persona: Entrada en años, de edad avanzada. Hombre mayor.

4. adj. importante. Esas son palabras mayores.

5. adj. Principal, que tiene superior dignidad o autoridad entre las personas o cosas de su mismo grupo.

6. m. Superior o jefe de una comunidad o cuerpo.

Vamos, que no sé tu, pero yo estoy encantado de ser “mayor” y sólo tengo 56 años. Según el RAE, excedo en cantidad y calidad, mis palabras son importantes, tengo superior dignidad y autoridad y soy jefe de una comunidad o grupo. Toma ya! sólo por ser mayor, que es algo que no he buscado, simplemente me ha pasado.

Ya ya, me dirás, pero todas esas supuestas ventajas dependen de la valoración positiva que hagan los demás del hecho de ser mayor. Pues no, te digo yo!

Esas supuestas ventajas dependen de tu actitud ante una realidad, más concretamente de la etiqueta que te pongas a ti mismo: No es lo mismo “ser mayor” que “estar mayor”. Lo primero, es una situación (como medir 1,78 cm, tener el pelo rubio o haber nacido en Sevilla); lo segundo, es una valoración subjetiva y personal (¿más alto o bajo que quién? ¿el rubio es para las mujeres? ¿ser sevillano tiene sus cosas?).

Mi madre, con 87 años, no ha ido en su vida a un viaje del INSERSO porque dice que “a eso sólo van viejos” y que ella no está para aguantar viejos!

Mi suegra, con 83 años, ha pedido este año a los Reyes Magos, y se lo han traído, el libro de recetas de Arguiñano, para “aprender otras cosas” y cocina como buena riojana de toda la vida!

Yo, con 56 años, he aprendido a cuidarme, soy más empático y asertivo, tengo más claro lo que quiero y lo que no quiero, lo que aporto y lo que no aporto, agradezco la fortuna de haber llegado hasta aquí, he limado errores de adulto competitivo y disfruto de los pequeños goces de la vida porque sé que la felicidad está en las pequeñas cosas y en el día a día que llenas de actitud positiva y de pequeños retos, y que por eso los demás valoran que “seas mayor” y les puedas aportar….si ellos quieren, claro! Ya estoy mayor para ir “haciendo puerta fría” o tener “peleas de patio de colegio”

Si tienes unos minutos más, te recomiendo este vídeo de una persona que “es mayor” pero no “está mayor”. Deshun Wang es un actor chino de 79 años que ha trabajado arduamente y que a partir de los 49 años decidió recomenzar su vida profesional desde cero. Recientemente participó como modelo en una pasarela de modas, desfilando sin camisa para lucir la colección otoño-invierno del diseñador de Sheguang Hu.

Escucha su mensaje de superación y éxito…Dale al clik!

Eh, ¡Saludos y Energía Positiva!

P.D.: Si te ha gustado, comparte, comenta, reflexiona y actúa!

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No permitas que roben tu tiempo

Sebas Morelli Jaimez | Consultor de Desarrollo Competencial | At. al Cliente, Habilidades Directivas y Ventas

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En alguna ocasión habrás escuchado hablar de los “ladrones de energía”. Estén en tu vida o hayan llegado hace poco. En lo personal, social o profesional…

Hay una pregunta que debes hacerte: ¿cómo está tu autoestima? Si entiendes que esos ladrones no roban tu energía, este artículo no es para ti; pero puedes ayudar a otras personas que detectes que sí les roban su tiempo y espacio…

Hay personas que todo el tiempo están compartiendo quejas, problemas, historias desastrosas, miedos y juicios de los demás. Sus temas de conversación giran sobre esto y cuando intentas ayudarles, todo es un mundo para encontrar soluciones…

Tu salud mental es muy importante como para estar ocupando tus preocupaciones en personas que sólo te bombardean con sus problemas y no te aportan más que eso. Estas situaciones tóxicas debes enfrentarlas: no permitas que ningún familiar o amigo “invada” tu espacio. No toleres acciones negativas…

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